Los bebés ya no los trae la cigüeña, ahora los trae Facebook. Desde hace un año, fotos de bebés gorditos junto a sus sonrientes progenitores han tomado mi muro por sorpresa. Como si en lugar de hijos mis compañeros de colegio estuvieran pariendo extraterrestre. Su nueva faceta como padres me impresiona, desconcierta y conmueve -en ese orden-. Personalmente, la maternidad no me genera ningún conflicto, no porque tenga una postura clara al respecto, sino porque no forma parte de mi agenda de preocupaciones del 2016 (ni del 2017). Por otro lado, me admira esa especie de milagro, ese acto de fe que obran los hijos en las madres, que incansables repetirán hasta el fin de sus días que sus hijos son “lo mejor de sus vidas”.

Mi relación con los niños no siempre ha sido buena. Había regresado a casa después de una semana con mi abuela mientras mi madre estaba en el hospital. Sobre mi cama había ordenado todos mis peluches, preparada para conocer a mi hermano y convencida de que tendría tantas ganas de jugar como yo, después de nueve meses a oscuras. La primera impresión no pudo ser peor. Era deforme, con la cabeza aplastada y medio azulada; un pequeño monstruo que dedicó los siguientes años a babear, llorar y robarme protagonismo. Yo tenía cinco años así que imagino que mi hermano fue la primera gran decepción vital.

Así como me pregunté entonces si eso de tener un hermano merecía la pena, ahora me cuestiono: ¿puede una mujer arrepentirse de haber sido madre? La socióloga israleí Orna Donath afirma que sí en un libro que se acaba de publicar en Europa. ¿El vínculo materno es a prueba de bombas? ¿Es terrible que una mujer diga que se lo pensaría dos veces si pudiera elegir de nuevo?

Como mi experiencia en maternidad es más bien nula (de momento cuido plantas y gatos prestados), le pregunto a la mayor experta en maternidad que yo conozco: Mi madre.

De existir un reloj biológico, el mío está en pausa, así que no puedo dar fe de su existencia.

P: Hola, mamá. ¿Crees que hay madres arrepentidas? ¿Madres que, aunque quieren mucho a sus hijos, si pudieran viajar en el tiempo, elegirían no ser madres?

R: Es muy difícil responder a todo esto. Estamos hablando de cuestiones tan amplias como la vida y la muerte, de dónde venimos, a dónde vamos, etc.

A la primera pregunta.  No creo que haya madres realmente “arrepentidas”, sino que se dan cuenta de que la maternidad no es algo tan sencillo y que el mal llamado instinto maternal no te resuelve los problemas ni las dudas. También hay que tener en cuenta muchas variables. Por ejemplo, en qué contexto se tienen los hijos, si tienes quién te ayude, si el padre está implicado, tu salud (física y mental) es adecuada, en fin.

P: ¿Una madre nace o se hace?

R: Si una madre nace o se hace… Bueno, como mujeres, parece que todo nuestro cuerpo y nuestra mente tiene la maternidad como único fin.  Esto, creo yo, que es un atavismo que, como otros muchos, interesa que creamos.
En cuanto las mujeres intentamos “liberarnos”, se nos recuerda inmediatamente nuestro destino que es, por supuesto, el de ser buenísimas madres y amantes esposas.  Aunque se disfrace todo esto de modernidad, es siempre lo mismo. Hoy en día, que parece que hemos adelantado tanto, solo se le consiente a una mujer que sea una triunfadora si además sabe combinarlo con las labores “propias de su sexo” de manera sobresaliente.

P: Cuando una vez te comenté que quizá preferiría adoptar a la vía clásica me dijiste algo así como “Piénsalo bien porque tener hijos es muy duro, si la cosa se complica y sabes que no son tuyos…” (No recuerdo cómo terminó la frase).

R: No recuerdo cuándo te dije la frase que mencionas, quizá te quería expresar que, en los momentos difíciles con los hijos, puede que el saber que los has parido te ayude a solventarlos. Siempre me han parecido muy valientes las personas que adoptan hijos.

P: Se dice que hay un reloj biológico en cada mujer que en algún momento se activa y nos entran las prisas por traer criaturas a este mundo. De existir, el mío está todavía en pausa, así que no puedo dar fe de su existencia. ¿Realmente ocurre así?

R: Lo del reloj biológico es impepinable. Tú no puedes evitar que tu cuerpo se desarrolle, pero desde luego no quiere decir que tengas que ponerte a tener hijos como loca. El cuerpo simplemente te avisa, pero tú eres libre de actuar como quieras.

P: ¿Es bonito ser madre?

R: ¿Bonito ser madre? Lo que sí te puedo asegurar es que es una experiencia única y, que como decía no sé quién, “Ser madre significa que tu corazón ya no es tuyo, sino que late al lado de cada uno de tus hijos allá donde quiera que estén”.

No se si te ha servido de algo. El tema da para mucho más.

Gracias, mamá.


Ilustración de Estefani Campana

 

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