Yo nunca he usado un anticonceptivo. Soy lesbiana y no he tenido la necesidad de preocuparme por si saldría embarazada, nunca me he sentido aliviada porque finalmente me vino la regla y jamás he tomado una píldora del día siguiente. Mi cuerpo no conoce ese sentido de emergencia. Cuando me propusieron escribir sobre la aprobación de la distribución gratuita de los anticonceptivos orales de emergencia (AOE), pensé que la distancia al tema sería útil. Ahora parece un pensamiento absurdo. La falta de experiencia me exige un esfuerzo de empatía, un re-conocer la preocupación y las urgencias de mis amigas, de las mujeres en mi vida. Pero no me concede objetividad, es inconcebible pensar en ser distante, pretender ser objetiva cuando en cada titular amarillista sobre embarazos no deseados que encontré, escuché la voz de tantas mujeres heridas, rotas por dentro. Todas malqueridas.

Cuando, en el 2009, el Tribunal Constitucional prohibió la distribución gratuita; la historia de la píldora fue manchada con la sangre de cada mujer y niña que abortó en clandestinidad y que murió desahuciada sobre una mesa de operaciones. Mujeres y niñas, además, en condición de extrema pobreza que no podían pagar un anticonceptivo, y que son las más afectadas por la violencia sexual. Siete años después esas vidas no se recuperan. Y si bien la reciente aprobación de la distribución gratuita es un paso hacia la equidad en los derechos sexuales y reproductivos, es también una iniciativa que evidencia que aún somos un país con carencias en materia de derechos civiles y con altos índices de violaciones. Siempre habrá un nuevo día de emergencia para las miles de mujeres y niñas violadas en nuestro país.

Con todo esto en mente, y en corazón, llegué a Rocío Silva Santisteban (Lima, 1963), con una tímida admiración, que creo que ella reconoce cada vez que me la encuentro. Durante el grueso de su vida, Rocío se ha entregado a la labor de luchar contra quienes perpetúan la violencia de género, incluso cuando esos sujetos han sido nuestros líderes o mandatarios. Su trabajo ha sido excepcional desde los años 80, cuando se dedicaba a formar talleres sobre los derechos reproductivos, y más adelante como Secretaria Ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos con una campaña de denuncia por las esterilizaciones forzadas durante la dictadura fujimorista.

Nunca fui su alumna en aula, pero me gusta pensar que ella ha sido una de mis maestras, como poeta y como militante de la equidad de género. A pesar de correr contra el tiempo, aceptó entusiasmada y nos sentamos a conversar. El resultado -lo que presento aquí y ahora- no es una entrevista celebratoria. Es una que, en su intento por explicar los cómo y los por qué, logra retratar los inmensos pilares que sostienen la violencia de género en nuestra sociedad. Es imposible evadir el panorama pesimista. Sin embargo, es también una entrevista que nos urge a que debemos alzar los brazos y la voz, mantenernos en el esfuerzo y seguir viviendo cada día siguiente con un sentido de emergencia.

P: “El uso de la AOE es un derecho sexual y reproductivo de las mujeres”, estas líneas se leen en el manual del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, ¿qué es un derecho sexual y reproductivo?

R: Es un concepto anclado en la libertad que tenemos las mujeres de poder decidir sobre nuestros cuerpos, nuestra sexualidad y nuestra reproducción. En ese sentido, en el Perú, los derechos reproductivos han sido violados, por ejemplo, durante la campaña de esterilizaciones forzadas bajo el mandato de Alberto Fujimori. Los derechos sexuales y reproductivos están reconocidos a nivel mundial en diferentes pactos. Es más, en el “Plan Nacional Contra la Violencia de Género”, aprobado el 26 de julio de este año, se exponen las diferentes violencias contra las mujeres, una de ellas es la esterilización forzada y otra el no acceso a los derechos sexuales y reproductivos.

P: ¿Qué pasa, entonces, cuando el Tribunal Constitucional prohíbe la distribución gratuita del AOE en el 2009?

R: Hubo todo un debate sobre si era o no abortiva, cuando el TC dio su veredicto la OMS no había decidido. Actualmente, ya decidió y anunció que no es abortiva. En esa medida, la premisa anterior ha quedado totalmente descartada. La sentencia del 2009 fue una violación sobre la protección de los derechos del ciudadano, una inequidad. Las decisiones del Estado se revelan con una intervención fuerte de la Iglesia Católica; sin embargo, lo que se recoge en la Constitución es que el Estado es laico, no teocrático. Ha existido una limitación de derechos y los derechos no deberían negociarse.

P: ¿Dirías que el Estado cree en la necesidad de regular la sexualidad de ciertos individuos?

R: Por supuesto. Existe un control sobre los cuerpos de parte del Estado, que en el caso de Perú, con el tema de las esterilizaciones forzadas, se llevó hasta un límite increíble. El Estado comenzó a tomar decisiones por las mujeres, especialmente las del sector popular. Lo mismo sucede con el tema del AOE, el TC no dictaminó que se prohíba la venta en todo el Perú. No. Lo que prohibió fue la distribución gratuita, pero permitió la venta en farmacias. Es una doble medida que excluye al sector popular.

El Estado es totalmente androcéntrico. Las leyes tienen como paradigma al varón.

P: ¿Qué nos revela eso de nuestra sociedad y nuestro aparato gubernamental?

R: Que el Estado es totalmente androcéntrico. Las leyes tienen como paradigma al varón. Si tienes un sujeto de derecho al que tienes que incluir mujeres, indígenas, tercera edad, niños, LGBTI, personas con discapacidad, personas pobres… ¿Quién es el que no se tiene que incluir?; ¿El que está incluido desde siempre? El hombre heterosexual, criollo, blanco, de mediana edad, sin discapacidad y de clase media. Eso es lo que tenemos que pensar, en cómo cambiar el paradigma. Se requiere un cambio de mentalidad profunda y eso no lo estamos debatiendo.

P: La Ministra Patricia García refirió que se encuentran organizando el aparato práctico para lograr la distribución gratuita del AOE, preparando guías, entrenando a profesionales. Con todas estas reflexiones en consideración, ¿qué tipo de contenido debería tener este aparato?

R: Mínimamente tendría que hacerse el trabajo de llevar a personas entrenadas, estudiantes de enfermería o medicina, a dar talleres que incluyan la posibilidad del uso del servicio de salud según los casos pertinentes. Por ejemplo, en el caso de una violación. Asimismo, cuando se produce una violación el médico legista debería proporcionar esa información, como parte del protocolo y proveer la posibilidad de tomar la píldora.

P: Respecto a la violencia sexual, ¿qué evidencia una iniciativa como la distribución gratuita de la píldora del índice de violaciones en nuestro país?

R: Somos uno de los países en América del Sur con mayor cantidad de violaciones sexuales. En el Perú, nueve de diez mujeres violadas son menores de edad. En el ámbito de esta ideología patriarcal y machista existe la percepción de que ya que el cuerpo de la mujer no importa, puede utilizarse como se plazca. Habría que preguntarse, ¿por qué ese uso violento? Creo que tiene que ver también con que las mujeres hemos salido al ámbito de lo público participando de manera muy activa en la sociedad, nos hemos educado y estamos diciendo “no”. Como respuesta hay un reflujo, una ola de violencia de parte del sistema machista, un sistema que incluye varones y mujeres.

P: ¿Y una iniciativa como #NiUnaMenos también ha despertado esta ola de violencia?

R: Sí, pero no puedes contener #NiUnaMenos, hay una indignación profunda. Cuando las mujeres decimos “no” queremos tener el control de nuestras vidas. Eso incomoda al otro. Es un tema moralista también, queremos poder tener acceso a la tecnología que nos permite ser libres, vivir nuestra sexualidad controlando nuestros embarazos. Hay una gran ansiedad en el varón por controlar un cuerpo que no es de él, mediante el ejercicio de la sexualidad, con o sin consentimiento.

P: Finalmente, ¿qué es lo que representa para el país que se permita la distribución gratuita de la AOE?

R: Es un gran avance democrático y es un gran avance en la gestión de las mujeres sobre su propio cuerpo.  El criterio patriarcal está entrando en una crisis profunda.

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