Por más difícil que sea hablar de una identidad femenina, todas las mujeres sabemos que existen ciertas actividades o experiencias que parecen ser solo destinadas a nosotras. El conflicto que nos puede generar envejecer, no darle suficiente espacio a nuestro propio placer, la búsqueda de independencia o encontrarnos asumiendo el cuidado del hogar, son solo algunos componentes que, queramos o no, están presentes en la construcción de nuestra identidad.

Palabras de Mujeres, la última exposición de Eliana Otta donde aborda y cuestiona estas experiencias, presenta en un contexto público, a través de las voces de distintas mujeres, poetas, músicas, activistas y militantes, aquello que históricamente ha sido encontrado únicamente en la esfera de lo privado.

Malquerida entrevistó a la artista sobre las preguntas que la llevaron a producir esta muestra y la forma en cómo ella ha construido su ser mujer y su ser político, gracias a la influencia de las mujeres cuyas voces escogió mostrar.

La exposición se inauguró el 8 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, pero estará abierta hasta el 31 de marzo, en Salas Larco 770, todos los días de 10am a 10pm.

El motor que impulsó esta muestra fue un poema de Rocío Silva Santisteban que se llama Hardcore. ¿Por qué?

Lo leí hace poco más de un par de años y me pareció que sintetizaba de un modo bien potente dos cosas importantes. Por un lado, una expresión de un disfrute de la sexualidad femenina que creo que no suele ser verbalizado, ni hecho explícito tan claramente en nuestro contexto. Además, no cualquier placer, sino esa acción de lamer nalgas, dentro del goce femenino es algo que menos se vincula con el tipo de cosas que supuestamente dan placer a una mujer, por más difícil que sea generalizar eso.

La inclusión de la palabra nalgas también es interesante, porque es una palabra asociada a un imaginario muy masculino, supuestamente más dentro del universo de cosas que le dan placer a los hombres. Por otro lado, lo de “Las chicas puaj y las tías puaj”, me parece elocuente respecto del conservadurismo de nuestra sociedad, aunque aquí, esa hipocresía y doble moral paradójicamente, está encarnada en las mujeres como esas figuras cucufatas.

Pero, también hay que ver esa especie de cucufatería como una represión que responde a ciertas condiciones que justamente reprimen la posibilidad de las mujeres de expresarse en relación al goce sexual. Creo que hay varias situaciones complejas, puestas juntas de una manera muy sencilla, fresca, divertida, bien cachosa, pero que al mismo tiempo es como una revancha, como sacarle la lengua a la gente. Hay cierto descargo, desfogue, cierta rabia, pero con mucho goce. Vi muchas cosas concentradas en ese poema tan corto, que finalmente habla de una libertad y de un derecho a crearse un espacio para gozar, y para tomar una posición respecto de ese goce en un contexto determinado.

Esto último, defender una manera propia de disfrutar y de relacionarse, es algo que a mí me interesa y que he tratado de hacer en los últimos años, no solo en mi trabajo, sino también a nivel personal, y que pasa además por una conciencia de la relación con mi cuerpo, que también ha sido algo que en los últimos años se ha vuelto más importante para mí.

 

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¿Cómo fue el proceso de selección de los otros poemas? ¿Con qué propósito fueron elegidos los temas?

A partir del poema de Rocío, me puse a releer o a leer algunas cosas que no había visto tanto anteriormente. Tenía como referente importante Noches de adrenalina de Carmen Ollé, del que me interesaba sobre todo la presencia del paso del tiempo en relación al cuerpo, que me parecía importante para las cosas que yo había estado pensando, pero también sintiendo en los últimos años, por la edad que tengo.

Los treinta son un momento en que empiezas a tomar conciencia de ciertos desgastes, pero al mismo tiempo, de la potencia del cuerpo y de la capacidad que tenemos de renovar sus energías y sus posibilidades, mientras hay otras cosas que se van transformando ante las cuales una tiene que asumir algún tipo de actitud, ya sea de relajo o de conchudez, o qué se yo, depende de lo que uno quiera, contra las expectativas constantes que exigen juventud, belleza, y todas esas cosas obvias, que ya sabemos.

En el caso de Blanca Varela me interesaba que, de algún modo, son más abiertos en sus niveles de interpretación, pero hay figuras que vinculan ciertos elementos atribuidos a lo femenino con una actitud un poco más neutral, desafectada y con distancia, de una manera no tan generalmente atribuida a lo femenino, que hace un contraste interesante. Monserrat Álvarez siempre me había gustado, siempre había admirado su poesía, y en este caso los poemas que elegí me parecían interesantes porque ella escribe pensando en un sujeto no tan sexuado o más bien, menos anclado en un género determinado.

Hemos visto en distintas ocasiones en la historia del arte hecho por mujeres la apropiación de actividades cultural y socialmente relacionadas exclusivamente al mundo femenino, tal como la costura o el uso de materiales propios del hogar. Se podría decir que hoy, a pesar de que las mujeres de clases populares siempre han tenido que pertenecer a la esfera pública, al trabajar a la par de ser cuidadora de su hogar, estos códigos coexisten con otros a partir de la llegada de la mujer autónoma. Aún así, el rol de ama de casa o cuidadora del hogar todavía prevalece en la construcción de la identidad femenina. ¿Dirías que este rol se ha ido relegando a un grupo específico de mujeres? ¿Cuál es tu relación con este rol?

Hay que cuidar un poco cuando pensamos en estas cosas, por más que han habido grandes avances, y no pensar que nuestra realidad más inmediata es lo que aplica a lo general. A nivel mundial, y evidentemente en el Perú, el trabajo doméstico sigue totalmente relegado al universo de lo femenino, obviamente con sus diferencias de clase, porque cuando hablamos de las clases medias y altas, éstas se sostienen en el trabajo doméstico de las mujeres de clases bajas, generalmente de origen andino. Es algo que hubiera querido incluir, pero quizás ya será para más adelante, en el video de entrevistas a mujeres, incluir esta relación, hacer evidente cómo estas casas de mujeres de clase media dependen del trabajo de otras mujeres. Que la independencia o autonomía de las mujeres de clase media, entre las cuales me incluyo, depende o está sostenida en el trabajo de otras mujeres.

Pensando en lo que me toca mas íntimamente, sí soy consciente de que muchas tareas que tienen que ver con el cuidado a lo largo de mi vida han recaído más en mí, y si pienso en mis amigas, que en sus pares o parejas hombres. Eso tampoco cambia en esferas consideradas más progresistas. Todavía a los hombres se les permite cierto grado de descuido, o al menos ellos se lo permiten a sí mismos, respecto de las tareas del hogar.

Nosotras seguimos creciendo con la demanda de ser capaces de hacer todo a la vez, es algo con lo cual yo crecí, viendo a mi mamá hacer todo. Por más que ella no fuera ama de casa, las responsabilidades de la casa, ya sean económicas o de cualquier otro tipo, fundamentalmente recaían en ella, por más de que a pesar de la separación, mi papá estuvo presente.

Esa es una exigencia que sigue presente independientemente de si algunas tenemos dinero para que otras personas nos ayuden con esas tareas o no. El uso de esos materiales tenía que ver con seguir insistiendo en la necesidad de establecer más puentes entre lo doméstico y lo social, lo público y lo privado, o lo íntimo y lo político. Es algo que todavía es necesario.

 

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La acción de marchar, protestar o el ámbito del activismo, es algo que poco se ha relacionado a las mujeres. Precisamente parte de tu muestra evoca este tipo de acciones, ¿cómo definirías tu experiencia de mujer en relación a la esfera pública y como sujeto político?

Creo que es interesante en el Perú de las últimas décadas, por un lado, la fuerza de figuras como María Elena Moyano, y por otro lado, cómo recientemente la renovación de la izquierda apunta a figuras como Verónika Mendoza o Indira Huilca. Hay una necesidad de renovación de quienes puedan representar de una manera convocante y no excluyente. Ahí las mujeres tienen una posibilidad grande de ir ganando un terreno que todavía es demasiado restringido a nivel local.

Dentro de mis diversos activismos, he estado vinculada a espacios de mujeres, sobre todo en los últimos diez años en reacción a la posibilidad de que Keiko Fujimori sea presidente en el país. Ahí también hay una necesidad de las mujeres peruanas de de expresar a viva voz que esa es una mujer que no nos representa. Ella muchas veces ha apelado a esta figura de la mujer, reforzando cuestiones muy conservadoras respecto del tipo de familia ideal y del orden que supuestamente necesitamos para arreglar el caos en el que estamos, que es en gran parte responsabilidad de su padre.

También son importantes las mujeres en las luchas vinculadas a conflictos socio ambientales, como Máxima Chaupe, así como aquellas por la defensa de derechos sexuales y reproductivos. Ahí hay un ejemplo de cómo todavía estamos rezagados de cierta solidaridad que tendría que ser más universal, porque no hay suficientes hombres feministas en el Perú y creo que eso es grave. En tanto los hombres no asuman que la defensa de los derechos sexuales y reproductivos debería ser una tarea compartida, no vamos a mejorar nuestra calidad de vida. Las mujeres seguimos encargándonos de los temas de la reproducción: desde que son pocas las parejas donde se comparte la responsabilidad de comprar el método anticonceptivo, hasta defender el derecho de tu novia de abortar, sea por la razón que sea.

Y el arte, ¿cómo se relaciona con la esfera pública?

En un país tan conflictivo, tan represor, tan violento como el nuestro, el arte es un espacio privilegiado desde el cual se pueden poner sobre la mesa temas que necesitan ser más discutidos. No necesariamente tiene que ser una herramienta controversial o de choque, creo que tenemos muchos campos y niveles de acción, sólo el hecho de crear espacios para la escucha respetuosa del otro ya es político y ya es un avance. Si se quiere ir más allá y proponer críticas, denunciar, mostrar otras maneras posibles de hacer las cosas…Creo que es algo que necesitamos como colectividad, poder experimentar juntos, mirar juntos, pensar juntos otras maneras de convivir y de generar contextos de respeto mutuo.

 

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Entre las mujeres que forman parte de tu muestra, algunas no se consideran mujeres o tampoco les gusta que su trabajo sea definido como algo “de mujer”. En tu trabajo, ¿cómo resuelves esto? ¿Es necesario definirse como mujer en un contexto profundamente machista?

Esa opción está abierta para cada uno, yo sí creo como apuesta personal que esa categoría es importante, sobre todo en nuestro contexto. Es una categoría que tenemos que utilizar, defender, apropiarnos y convertirla en lo que queramos que sea. Al mismo tiempo admiro muchísimo a quienes están pasando por procesos en los cuales necesitan inventar otras palabras para lo que sienten que están conteniendo y que  todavía no tiene una forma que pueda ser llamada o nombrada de manera idónea. Incluí las cosas que incluí habiendo hablado previamente con sus autoras.

Igual en el caso de las entrevistas, por ejemplo, en el caso de Merian Eyzaguirre, que es cantante, actriz y clown, y quien menciona que no se considera actualmente mujer, y que todavía no encuentra una palabra con la cuál clasificarse. Pero cuando le pido que cante una canción, canta una canción sobre una mujer muy fuerte, con un sentimiento muy profundo, y también habla en el video de cómo el canto la ha ido abriendo hacia un lado femenino que se expresa por su voz.

Ahí hay contradicciones interesantes que probablemente todas compartimos de cierta manera. Porque por un lado, para ciertas luchas políticas, es necesario agruparnos bajo categorías que podamos defender, y por otro lado, a un nivel más cotidiano, nos encontramos constantemente frente a preguntas sobre una identidad en construcción, o sobre la posición que estamos tomando en un contexto, y que son preguntas que nos abren a desestabilizarnos, descentrarnos, a asumir varias maneras de ser a la vez, o desear ser. Cada uno tiene que ver cómo lidiar con eso. Mi manera, en esta exposición, fue haciendo explícito en el texto de pared que todas estas contradicciones están habitando no solo a los sujetos de quienes estoy hablando, sino también a la exposición misma.

La videoinstalación nos muestra a distintas mujeres, cantantes, activistas o militantes. Mujeres que se han desarrollado laboralmente en la esfera pública a pesar de su género, en ámbitos de su vida privada. ¿Por qué elegiste a estas diez mujeres? ¿Cuál es la relación entre ellas y las poetas seleccionadas?

Es una selección muy subjetiva de mujeres que yo admiro y cuyo trabajo me ha inspirado, interesado, tocado de distinta manera en los últimos años. Estaba enfocada en cómo estas mujeres han construido su relación con la palabra, para tener una voz propia en un espacio donde el uso de la palabra ( y lo musical y lo político) está muy dominado por lo masculino. De cada entrevista quizás podría decir algo distinto, pero me parece interesante cómo algunas de ellas eran más conscientes de lo político de su actividad, cómo otras no y asumían como algo natural o inevitable el haber ganado un espacio en cierto terreno.

Me sorprendió, por ejemplo, el caso de Marisa Godinez, la increíble vigencia de su trabajo; los dibujos más personales, y también su trabajo para Flora Tristán. Son materiales hechos hace treinta años que podrían reimprimirse y distribuirse casi sin modificarles nada, su urgencia sigue siendo la misma hoy en el Perú.

Luego, la historia de vida de Armandina Quispe, dirigente campesina que de niña fue entregada por su mamá a una señora para que se dedique al trabajo doméstico en la ciudad de Cusco y se escapó dos veces, y que por el azar de escaparse, la segunda vez llegó a una casa donde empezó a tener una influencia de un pensamiento de izquierda que la llevó a participar en tomas de tierras, y posteriormente a ser dirigente en la Confederación Campesina del Perú

Ella cuenta que al comienzo cuando empieza a hablar en publico, las mujeres de la organización la criticaban porque le decían que para ella era fácil exigir participación porque era soltera y no tenía hijos. Y luego, cuando ya tiene hijos, cuenta de un congreso en el cual los dirigentes de la CCP la quieren inhabilitar de participar justamente por pensarla no apta para sus tareas por el hijo que acaba de tener. Entonces, hay esta doble condición de las mujeres de estar expuestas a un grado de exigencia y de juicio que no es el mismo que el que se les da a los hombres.

Es interesante ver diferentes hilos conductores en las entrevistas. Algo que también me interesó mucho hablar con ellas era quiénes las han influenciado, ver una genealogía de otras mujeres de las cuales vamos aprendiendo, y que creo que es importante mencionar, porque generalmente permanecen anónimas, justamente porque no hay suficientes espacios para visibilizar las cosas que hacemos. Me interesó que en este caso ellas pudieran hablar ya sea de mujeres que no han trascendido en la historia, como la profesora de historia universal que mi mamá comenta, o ya sea Magda Portal, como en el caso de Vicky Villanueva. También, como en el caso de Marly Anzualdo, cómo en este proceso de ser capaz de hablar en publico, o de aprender a querer lo que ella escribe o produce, otras amigas han sido necesarias para animarla a perder la vergüenza.

Existen distintas barreras que cruzar para las cuales muchas veces necesitamos la ayuda de quienes están a nuestro alrededor, y que en el caso de las mujeres creo que se establecen vínculos de sororidad particularmente importantes.

 

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Una tercera parte de la exposición cuenta con algunos de los nombres de las miles de mujeres víctimas de feminicidio en nuestro país, ¿cómo hablar de una problemática social desde un circuito privilegiado como es el del arte?

Creo que mientras seamos conscientes de nuestra condición particular en un contexto determinado, ya sea una condición marcada por ciertos privilegios o por ciertas carencias, tenemos que sentirnos con derecho a hablar también de lo ajeno o distante, mientras tratemos de hacerlo con respeto y con sinceridad. Así nos equivoquemos, así arriesguemos y metamos la pata por desconocimiento o falta de estrategias correctas.

No podemos solamente hablar de lo que conocemos muy bien, o de aquello que nos ha tocado directamente. En general y en un contexto como el nuestro, es importante intentar establecer puentes con realidades que aparentemente son muy distantes, pero que luego, cuando pensamos o atendemos a las circunstancias que vivimos cotidianamente, no nos son tan distantes, porque la violencia que caracteriza nuestras relaciones interpersonales nos toca día a día, vivamos como vivamos y vivamos donde vivamos, a menos que nos mantengamos en una especie de isla de cristal.

En Lima, la violencia se siente en todas las esferas sociales, obviamente en cada una con sus propias formas de manifestarse, pero creo que hay muchas cosas que son comunes, por más que estén exteriormente diferenciadas. Si viajas en un taxi y la mitad del tiempo estás mirando la puerta, y tienes miedo de que el taxista te pueda hacer algo, eso te va a tocar de una manera parecida, seas quien seas, así como que tu novio te pueda hacer daño, y también te puedes solidarizar con el dolor de alguien muy distinto a ti.

Creo que es legitimo buscar maneras de hablar de lo que nos es aparentemente distinto mientras seamos respetuosos, sinceros, humildes, y capaces de reconocer cuando no estamos haciéndolo de la mejor manera. Los intentos valen la pena y también abren discusiones que son necesarias, por eso vale la pena asumir ese riesgo, siempre tratando de hacer un poco explícito el lugar desde el que uno está intentando decir algo.

Por último, ¿por qué no consideraste dentro de la exposición a mujeres trans?

La selección que entrevisté fue muy subjetiva, son mujeres ligadas a mi vida; desde mi mamá, mi abuela, Isabel Asto, que es la viuda de Máximo Damián y ha estado cerca a mi familia desde que soy chica. Es una selección bien cercana. Quizás Merian Eyzaguirre y Armandina me eran más desconocidas, pero ni la selección de las mujeres de los videos, ni la exposición ha pretendido ser algo que abarque todo lo posible sobre el tema.

Creo que eso es imposible y ahí sería poco sincero pretender hablar de demasiadas cosas que hasta ahora no me han tocado tan directamente. Tengo un proyecto pendiente que quería hacer con el caso de una mujer trans, pero en este caso, quizás por ahí en el video de Merian se habla un poco más de esta cuestión. No he pretendido hacer nada exhaustivo, plenamente representativo, ni que toque todo lo posible, no me he sentido obligada a ser tan políticamente correcta.

 

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