De Valeria Román Marroquín destaca su transparencia incluso cuando responde que no sabe. El año pasado publicó ‘Feelback’, su primer poemario, aunque dice que desde que estudia filosofía casi no lee poesía. Tiene 18 años, abrió su primer blog a los 12, y es el más claro ejemplo de que no existe edad ni rubro para que el trabajo de una mujer sea condicionado por su género; a su corta edad ya ha recibido comentarios como “escribes bien para ser mujer”.

Pero antes de la publicación de su libro, Valeria ya era conocida por sus poemas. La también escritora Luna Miguel recogió en 2015 algunos de sus versos en una antología virtual. Además, ha colaborado con diversas publicaciones nacionales e internacionales, y también formó parte del colectivo peruano Poesía Sub25. Y aunque de la joven generación de poetas resalta su estrecho vínculo con el mundo digital, después de hablar con Valeria, no cabe duda de que este colectivo es más que una generación de poetas hablando a través y sobre Internet: sus voces y compromiso anuncian la renovación de la larga tradición de poesía peruana.

Malquerida habló con la poeta sobre su trabajo, lo que significa e implica ser mujer y poeta en un mundo de hombres y de la importancia de, por encima de todo, creer en lo que una hace.

¿Cómo empezó tu relación con la escritura? ¿Por qué terminaste escribiendo poesía y no narrativa?

Siempre me ha gustado leer y creo que ese gusto devino en que comenzara a escribir. Más o menos cuando tenía doce años abrí un blog en Blogger donde escribía cuentos o anotaciones, ese tipo de cosas, casi como un diario, pero de una manera más ficticia. Era básicamente narrativa, tengo algunas cosas guardadas, pero cuando las leo, las detesto. Comencé a escribir poesía a los quince años y fue por algo un poco vergonzoso; fue porque tuve algo con un chico y se acabó de una manera horrible, y de eso salió todo lo que ahora he publicado.

Muchos de los temas que propones, como la experiencia desde la que escribes, son propios del universo femenino. ¿Cómo asumir una voz femenina en un mundo que es dominado por un punto de vista masculino, como lo es el de la literatura?  

Feelback es un poemario bastante confesional. Ese poemario lo escribí entre los quince y dieciséis años, y recién lo publiqué ahorita por un montón de cosas que fácil luego voy a decir, pero creo que [la voz femenina] es inherente. Es imposible escapar de esa condición porque es, al fin y al cabo, cómo estás mediada por el mundo. Definitivamente la escena poética limeña está conquistada por los hombres, y las mujeres de alguna manera estamos en esa escena de una manera muy periférica.

Incluso las mismas figuras femeninas dentro de esos poemas, son bastante lejanas, como ese árbol que estoy viendo ahorita, son objetos ahí nomás. Sé que algunas personas dirán: “Ay es muy cliché decir que la mujer es un objeto”, pero es cierto. Decir que la mujer es un objeto es un cliché, en un mundo donde supuestamente las mujeres y los hombres estamos en las mismas condiciones, eso es mentira.

¿Recuerdas algún momento en el que te diste cuenta de que lo que escribías podía ser encasillado como “literatura para mujeres” y que esa etiqueta es muchas veces una forma de quitarle crédito o valor al trabajo a las mujeres?

Sí, sí hubo un momento, fue horrible, siempre lo recuerdo, pero pocas veces lo cuento. Cuando me empezaron a invitar a recitales, porque en algún momento mis poemas comenzaron a aparecer en Internet, en uno de esos recitales estaban ahí todos los poetas después de que había terminado tomando, y un poeta, un tipo totalmente olvidable, que creo que estaba un poco borracho, me estuvo hablando de poesía y de esas cosas de las que hablan los poetas, y en un momento me dijo: “Oye, realmente escribes muy bien para ser mujer”. En ese momento me di cuenta de que probablemente durante el resto de mi vida, o durante el resto de tiempo en el que siga publicando, me van a pasar este tipo de cosas.

Normalmente la poesía femenina, como le llaman, tiene este estereotipo, y creo que a veces las mismas poetas reforzamos ese estereotipo sin querer. Mucha gente dice que la poesía femenina es sobre el cuerpo y es erótica y bla bla blá, y muchas poetas abordamos ese tema naturalmente, es justo que sea así, porque es uno de los campos donde más reprimidas hemos estado, sin embargo, en algún momento ese tipo de abordajes se comienza a agotar y es ahí donde entra el cliché.

A partir de la experiencia que cuentas, ¿cómo es ser joven, mujer y poeta?

He tenido algunas experiencias que me han incomodado bastante, tanto como en algún recital alguien ha tratado de besarme y yo no he querido y se molesta, o también he escuchado rumores de que yo me he tirado a tal persona para publicar ahí, o que yo tengo padrinos, que me los he tirado, y por eso estoy saliendo en esos lugares. Esa es la única manera en la que una puede supuestamente destacar dentro de este mundo. Pasa en todos los lados, solamente que en los ámbitos culturales o artísticos no se dice tanto porque los artistas tienen esta supuesta condición de que son seres correctos, progres, feministas, seres intachables. También, algunos de mis poemas tratan sobre sexo. Creo que para la mente de algunas personas, cuando dentro de tus poemas hablas sobre sexo, significa que cualquiera tiene libre pase para hacer lo que se le de la gana, ese es otro problema.

no estoy confundida, solamente tengo las manos inquietas:
yo no sé cómo cantar pero escribo
una canción para mi baby baby baby mirándome el ombligo
sospecho que en realidad nadie sabe cantar
sospecho que lo he perdido todo

(versos de canción para mi baby baby baby, de Valeria Román Marroquín)

¿Crees que es necesario evitar o huir de etiquetas como “literatura para mujeres” o transformarlas y empoderarlas? En el segundo caso, ¿cómo hacerlo?

La forma en cómo nos acercamos a ese objeto sí puede ser diferente, y hay poetas que de hecho lo hacen muy bien. Romy Sordomez, por ejemplo, hace un trabajo interesante, creo que ese tipo de poetas son las que, no estoy diciendo que deberíamos ser como ellas, pero deberíamos observar; desde qué perspectiva están abordando este tipo de temas. Porque cuando el empoderamiento femenino se basa solo en el libertinaje sexual, comienza a entrar en ese círculo vicioso donde la mujer es el objeto, el adorno del mundo, y caemos en las mismas cosas que caen poetas como por ejemplo Bukowski, que son el cliché del cliché de los poetas. Nosotras mismas estamos cayendo en eso.

¿Cuáles son los referentes más importantes en tu trabajo y por qué?

Esta poeta que leí cuando estaba corrigiendo Feelback, se llama Berta García Faet, es española y tiene un libro muy genial que se llama La edad de merecer. Cuando lo leí se me fue la vida, es un libro hermoso. Es una de las poetas que escapan de las etiquetas horrorosas o estereotipos que nos ponen a las poetas mujeres, porque si bien su poemario es confesional, el lenguaje es bastante inteligente, hace una crítica al mundo desde una mirada bastante inocente y juguetona.

Qué otros poetas podría decir, la verdad es que no sabría. Tengo mis lecturas, pero cuando me preguntan en referencia a mi poesía, siento que dentro de lo que escribo hay pocas cosas que tradicionalmente diríamos poéticas. Hay cierta aura de sagrado dentro de la poesía donde hay cosas que pueden estar y cosas que no, y me alegra que existan poetas que escapen de eso. De hecho la música es algo que inspiró bastante en mi poemario, cuando estaba a mitad de escribirlo, me quedé un poco estancada, y hay una cantante, Julieta Azul (Elisa Tokeshi), que comencé a escuchar en esa época y volví a escribir. Creo que la música de Elisa tiene cierta aura que comparte con el poemario y por eso le pedí que hiciera la portada, porque si bien no conozco muy bien las cosas que le han pasado en su vida, porque no somos tan cercanas, siento que sí hay algo en común dentro de lo que hace y de lo que yo hago.

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¿Consideras que eres parte de la generación Alt Lit? ¿Cómo describirías a la generación de poetas a la que perteneces?

Yo no diría que soy Alt Lit. La Alt Lit es una promoción de poetas estadounidenses del 2010. Creo que lo interesante de ellos es lo que dije antes; hay cosas dentro del poema que supuestamente no son poéticas, pero al final están ahí adentro. Toman objetos como el Internet y lo utilizan dentro de sus poemas, aparte tienen una estética un poco minimalista, y la mayoría de sus poemas tienen un aire nihilista frente a la vida. Creo que Feelback se aleja de eso, al menos ojalá que sea así. Tampoco creo que los poetas de mi generación sean Alt Lit, por ejemplo, desde hace un tiempo estoy en un colectivo que se llama Poesía Sub25, nosotros en cierto momento tomamos la Alt Lit como influencia y notamos que también en la escena latinoamericana habían poetas que hablaban sobre eso, incluso en España también.

¿Cómo describiría a mi generación? La verdad es que no sé, porque al menos de los pocos poetas jóvenes que conozco, Roberto Valdivia, Josué Hipolo, Crhistian Bafomec, Braulio Paz, que son más o menos de mi año, yo soy la más joven de todos, creo que todavía no vemos lo suficiente sus voces como para diagnosticar qué rayos está pasando. Ya de generaciones anteriores se pueden decir algunas cosas, pero de la mía no. Incluso yo no sabría qué decir sobre mi poesía. Todavía no hemos escrito lo suficiente para que digan cosas estrictamente sobre nosotros.

Pero digamos que Internet, como en la Alt Lit, también juega un rol importante…

Al menos en Feelback no hay tantas referencias al Internet. Desde mi experiencia, podría hablar de la distribución de los poemas. Digámoslo así, me hice conocida por ahí. La primera vez que me publicaron fue en una antología virtual de la poeta Luna Miguel en España que se llama Tenían veinte años y estaban locos, en referencia al poema de Roberto Bolaño, donde habían poetas hasta del 87’ por ahí, y de ahí otros blogs me comenzaron a llamar.

Otra cosa curiosa del Internet es la gran información que hay dentro, puedes encontrar un montón de libros gratis, eso también influye en las lecturas del mismo poeta. Soy totalmente escéptica con respecto al genio de la nada, creo que hay disposición, pero un poeta se construye a través de sus lecturas. Un poeta que no lee, para mí, es un futbolista que no juega futbol nunca o un corredor que no corre jamás. Puede ser que en algún momento te salga algo, pero es impensable.

Lo curioso es que al acceder a tanta información tienes la posibilidad de llegar a autores que dentro de las lecturas tradicionales no llegarías. Eso hace que al menos los poetas de mi generación o poetas incluso mayores puedan escapar de la tradición local limeña, incluso de la tradición peruana, que es enorme. A través de la transformaciones es cómo se va renovando esta tradición. Las lecturas de un poeta X ya no necesariamente son la típica tradición peruana, sino ahora la tradición de este poeta es la poesía de los años 50’s de Japón. Además que encuentras otro contenido, ensayos, películas, que no encuentras normalmente y esas cosas están dentro del poema. Para mí, eso es lo más interesante, creo que respecto al soporte del poema, recién estamos viendo cosas. Porque es muy fácil adoptar un lenguaje de Internet dentro de un poema, pero eso es algo que siempre se ha hecho, creo que los poetas o el hombre de su época siempre va a utilizar los códigos de su época, siempre ha sucedido eso en la literatura.
aprendo geografía como aprendo a rezar, en ambas busco y ambas me
hablan de la renovación y la misericordia
pero esta vez no necesito perdonarme,
he aprendido geografía como aprendí a hablar:
yo pertenezco a este espacio por lo tanto
me derrumbo
no estoy confundida estoy frente a un mapa
y me canta
quiero señalarte dónde están mis muertos:
asiento
y siento
muy en el fondo
que he entendido todo

Mencionaste a Poesía Sub25 hace un rato, ¿cómo llegaste ahí? ¿cómo ha influenciado esta experiencia en tu trabajo? 

Llegué a Poesía Sub25 por mi primera publicación en papel, que fue en la Revista Mutantres, y es de Jorge Castillo y Kevin Castro. Es un colectivo de San Marcos que ahora está un poco desactivado. En esa época estaba un poco reacia a publicar cosas, para mí, la escritura era algo meramente intimo y a pocas personas se lo mostraba, entonces un amigo me pasó la convocatoria y me jodió hasta el último para que mandara mi poema, y lo hice. El día de la presentación de la revista fui, porque había un recital y todo eso, y ahí conocí a Roberto Valdivia, a quien también publicaron en ese número y ya era amigo de toda esa gente.

También conocí al resto de Sub25, al menos en esa época, que eran cinco personas, estaba Josué Hipolo, Crhistian Bafomec, Carlos Rojas Camacho y Jorge Rengifo. Luego Rengifo se fue y por esas épocas entré a Sub25.

¡Todos hombres!

Sí, yo era la cuota de género (se ríe). Y un día, después de que organizamos la Antisemana de la Literatura, Roberto y Josué me dijeron: “Oye, ¿quieres estar en Sub25?” Parecía que me habían pedido para estar, fue algo recontra filin.

De hecho Sub25 siempre ha tenido bastante críticos, bastantes haters, pero creo que es un proyecto que hace tiempo no se veía dentro de la escena, lo digo no solamente por lo que puedan decir, porque creo que tienen muchas cosas interesantes qué decir sobre la poesía y el estado actual de la poesía peruana, sino también por el compromiso que tienen y me consta. El mayor impacto que ha tenido Sub25 en mi vida, no solamente son las lecturas o las influencias, sino también la amistad. Sub25 no solamente somos un grupo de poetas, sino también un grupo de amigos haciendo cosas en las que realmente creemos, y eso creo que es algo difícil de encontrar, porque muchas veces dentro de la escenita existen muchos egos y mucha, no sabría si decirlo, envidia. La amistad así, profunda y verdadera, es muy difícil de encontrar.

Dijiste hace un rato que el motivo por el cuál empezaste a escribir poesía fue la ruptura con un muchacho, y de hecho uno de los temas más recurrentes en Feelback es el amor. ¿Es relevante escribir poemas de amor? ¿Por qué?

Sí, Feelback se trata mucho sobre el amor. Mucha gente que no sabe de esto me preguntaba: “Oye, ¿esto se trata de tu primer amor?” Y yo les digo: “Sí, pero no”. Porque Feelback no solamente trata sobre eso, sino también trata sobre una época muy difícil en mi vida, una época donde estuve muchas veces confundida o muchas veces con miedo, y no había nadie a quién podía decírselo. No solo trata sobre el amor que acabó ahí, sino también de la persona que fui y la persona que soy ahora gracias a ese tiempo.

¿Cuál sería la importancia de escribir poemas de amor? No lo sé, hay gente que dice que el amor mueve el mundo, y creo que eso, por mas cursi que suene, es cierto, pero no necesariamente el amor de pareja, sino también el amor de amigos o el amor a uno mismo, sobre todo el amor a uno mismo y a las cosas que hace y en las que cree.

Además de leer, ¿qué es necesario o imprescindible para escribir?

Paradójicamente en este tiempo donde recién ha pasado mi primer año de la universidad, he dejado de leer poesía, y he comenzado a leer cosas relacionados a mi carrera, que es filosofía. Tal vez no sea imprescindible leer poesía, pero creo que escribir es un ejercicio al que te acostumbras, si lo dejas un tiempo, ya no es lo mismo volver a hacerlo.

Antes, para mí, escribir era un momento de inspiración, lo que salga y ya, revisarlo después de un tiempo. Sin embargo, ahora creo que el proceso de escribir es un trabajo bastante desgastador, porque no solamente inviertes energía emocional, sino también es un trabajo de inteligencia, es construir algo, no es de la nada. Siempre estoy escribiendo, hubo un tiempo donde escribía todos los días, ahora ya no tanto, y estoy escribiendo cosas que se alejan bastante de Feelback, porque es una época que ya dejé, son experiencias que las tengo como recuerdos pero más no como algo que esté presente en mi día a día. Publicar Feelback también ha sido un desprendimiento emocional, por mas cliché que suene, lo ha sido así, no puedo negarlo.

mi baby baby baby se mira en el espejo
y yo vivo con ella en una jaula:
imagina vivir abrazado
a un reflejo
imagínate vivir con ella
encerrados

¿Por qué decidiste publicarlo si era algo que habías escrito hace ya dos años?

Si hay un culpable, es Roberto Valdivia. Él había leído mis poemas y era consciente de la evolución por la que yo y ese libro habíamos pasado, y me insistió, porque también había un proyecto en Sub25 de una editorial, de hecho ya se han publicado dos libros en esa editorial, el mío y el de Roberto. Me jodió tanto que yo le dije: “Bueno, ya vamos a publicarlo”. Él creo que ha sido una de las primeras personas, una de las pocas personas que realmente ha creído en mí y en mi trabajo, y por eso decidí entregarle ese poemario, confiar en su ojo editor.

¿Hay temas o algo en particular sobre lo que te gustaría escribir y todavía no encuentras la forma de hacerlo?

A veces me gustaría escribir sobre política. Este año que he ingresado a San Marcos, políticamente me he radicalizado un buen tanto. Para mí ahora es central, más allá del desarrollo de la teoría, la actividad política dentro de la universidad. Mucha gente dice que no debería hacer política dentro de la universidad, pero lamentablemente en una universidad nacional, donde hay tantos problemas (o sea, hay gente que dice que San Marcos es un Perú pequeño, y en cierto sentido es verdad) es imposible que te deje de importar. Me gustaría escribir sobre política, sobre lo que está sucediendo, pero creo que eso es algo un poco más complicado, todavía no sé cómo escribir sobre ello. Algún día tal vez lo haré.

Feelback se puede encontrar en Librería Inestable en Lima. Precio S/. 20

 


Gráfica por Estefani Campana

 

 

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